Secuestro=Indignación=Impotencia

Este fin de semana me enteraba por el períodico El Norte de una trsite noticia, algo que poco a poco se hace común otra victima de secuestro.

Sergio Sarmiento / Secuestrado

Como toda noticia dramática, ésta apareció originalmente de manera escueta. La nota decía que el cuerpo sin vida de Fernando Martí, de 14 años de edad, fue encontrado el viernes 1 de agosto en la cajuela de un automóvil abandonado en la Colonia Villa Panamericana, en la delegación Coyoacán de la Ciudad de México. Una nota junto al cadáver decía: “por no pagar atentamente la familia”.

Fernando, hijo del empresario Alejandro Martí, había sido secuestrado a principios de junio. Los secuestradores eran policías o se hicieron pasar por policías de la AFI al hacer detener el vehículo en un aparente retén. Ahí llevaron a cabo el secuestro. Los cuerpos del chofer y un escolta, muertos por estrangulamiento, fueron encontrados poco después.

La información disponible sugiere que sí se pagó un rescate. Si bien el niño fue ejecutado hace más de un mes, el vehículo en el que se encontró su cuerpo había sido abandonado apenas tres días antes. Fue el olor del cuerpo en descomposición lo que llamó la atención de los vecinos e hizo que se abriera el maletero del automóvil.

El secuestro es un delito del que se tiene poca información oficial. La Procuraduría de Justicia del Distrito Federal, que publica estadísticas de averiguaciones previas de diversos delitos, no incluye a éste entre sus cifras. La Procuraduría General de la República ni siquiera tiene estadísticas en su página de internet. Muchas familias objeto de este crimen nunca presentan una denuncia formal, por temor a los secuestradores y por desconfianza en las policías.

Un artículo del periódico EL NORTE señalaba este sábado 2 de agosto, citando cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que el secuestro en el país aumentó 35 por ciento entre 2006 y 2007 al pasar de 325 a 438. La Jornada publicó ayer que en el primer semestre de 2008 hubo 44 secuestros en el Distrito Federal contra 25 del mismo periodo del 2007. Esta cifra, sin embargo, sólo suele incluir los llamados secuestros de “alto impacto”, esto es, los que afectan a los ricos; pero no los que se ejercen contra personas de las clases medias y bajas.

Alejandro Martí, el padre de Fernando, es un empresario admirado y admirable por muchas razones. Empezó vendiendo uniformes y artículos deportivos en la Villa Olímpica durante los Juegos Olímpicos de 1968. Más tarde abrió tiendas formales, bajo el nombre de Deportes Martí, dedicadas precisamente a la distribución de artículos deportivos. Los inicios para él y sus tiendas fueron muy difíciles, pero poco a poco Deportes Martí se fue creando una reputación y abriendo un mercado.

Los Sport City vinieron después y fueron un éxito extraordinario. Los gimnasios en México dejaron de ser refugios oscuros de pesistas y boxeadores sudorosos y se convirtieron en lugares de convivencia y ejercicio en que la gente común y corriente buscaba cuidar su salud. A todo lo largo de su vida empresarial, Martí se distinguió, además, por su generosidad en actos de apoyo a los más necesitados.

Martí estuvo a punto de perderlo todo con la crisis económica de 1995. Sus deudas se multiplicaron y el negocio estuvo a punto de quebrar o de ser entregado a los bancos. Con un trabajo férreo de reestructuración, y sin duda muchos desvelos, logró sacar adelante la empresa. Más tarde el reto fue crecer. Su capital personal era insuficiente para el impulso que el grupo requería. Trató de hacer una colocación en Bolsa, pero sin el éxito que necesitaba. A fines del 2007 finalmente vendió el control de la empresa a sus amigos Alfredo Harp Helú -secuestrado en 1994- y su hijo Alfredo Harp Calderoni. Es muy difícil para el fundador de una empresa dejar la dirección, pero Martí entendió que esto era lo mejor para el futuro del grupo.

Unos meses después, sin embargo, Alejandro Martí lo perdería, ahora sí, absolutamente todo. El secuestro de su hijo Fernando, de 14 años, en un supuesto retén de la AFI, debe haber destrozado al empresario. El hallazgo de los cadáveres del chofer y el escolta de su hijo dejaron en claro que los secuestradores eran de una extrema crueldad. El rescate fue pagado y la familia, de hecho, publicó anuncios para que los secuestradores cumplieran con su parte de lo acordado. Hoy queda claro que el chico había sido asesinado hace un mes.

No hay palabras para describir el dolor de un padre cuando un hijo es secuestrado y asesinado. No hay palabras para aliviar el dolor que siente ese padre. No intentaré inventarlas.

Pero sí debo decir que en México el Gobierno sigue dedicando la mayor parte de sus recursos de seguridad para impedir que las personas utilicen sustancias dañinas contra su propia persona. Los crímenes con víctima, los secuestros, homicidios y robos, parecen no ser tan importantes a ojos de la autoridad. Habrá que llegar, quizá, al extremo de que la sociedad se arme para defenderse. Por lo pronto ya nadie podrá detenerse nunca más con tranquilidad en un retén de policía.

Ana Karen

Nadie parece acordarse ya de Ana Karen Alba. Tenía -¿o tiene?- 18 años de edad. El 4 de mayo unos sicarios, vestidos también con uniformes de la AFI, atacaron la casa en Petatlán de Rogaciano Alba, entonces líder de los ganaderos de Guerrero. Dos hijos de Rogaciano fueron ejecutados; a su hija, Ana Karen, se la llevaron. Hoy se cumplen tres meses de ese secuestro.

Via: http://www.sergiosarmiento.com

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