Indigestión Musical

discos

Leyendo Territorio Sonoro un artículo de Rodrigo Nivonog acerca de que en tiempos anteriores de la era digital, el Obtener, escuchar y clasificar tres discos al día era una hazaña que sólo los más excéntricos melómanos podían realizar; aquellos legendarios rockeros cuyas casas estaban tapizadas por muebles rellenos de discos a reventar. Estoy de acuerdo con su planteamiento, y soy parte de esa era digital en la cuál tengo al alcance gran cantidad de música, de lugares donde antes en México era dificil que llegarán a nuestros oídos, y cuando llegaban te costaban una lana ya que eran productos de importación, gracias al internet esa brecha ha sido salvada, mi computadora ya no es capaz de almacenar tanta música, he recurrido a comprar discos duros externos para almacenarla, y sí en ese inmenso almacen hay música que aún no ha sido escuchada, disfrutada y digerida.

Hoy, gracias a los formatos digitales, no sólo es fácil adquirir tres discos al día; sino que su clasificación ha resultado en una disciplina empírica de compleja devoción.

La facilidad de acceso a la música en la red ha llevado a una sobresaturación del oyente. Las colecciones resultan tan vastas que se vuelven caóticas, eclécticas… inaudibles: junglas de carpetas y sub-carpetas pobladas con temas que han sido reproducidos una sola vez, olvidados en recónditas esquinas virtuales y binarias.  En el presente, la música ha dejado de ser algo físico para convertirse en su más puro reflejo: información etérea, sin soporte. Ya es imposible ligar una canción a un objeto en específico, pudiendo ser ésta eliminada, copiada, cortada o modificada sin siquiera tocarla. Los niños de hoy encuentran difícil asociar una canción con una textura, como lo hicieron generaciones anteriores con el frío vinilo negro.

¿En qué racimo de bits se colocan las secuencias de sonidos que despiertan sentimientos profundos, la música favorita? La música se baja directamente a la carpeta de download, desde donde puede tomar varios senderos; puede ser olvidada durante meses hasta que venga una limpia general de la computadora y desaparecerá sin haber dejado mayor huella en el usuario. Puede pasar directamente al reproductor portátil y, dependiendo de la capacidad de éste, puede ser escuchada frecuentemente o perderse -de nueva cuenta- en las vastedades de su interfaz. Puede ser reproducida directamente desde ahí, formando parte de un océano de archivos clasificados de forma errónea que sólo tienen un orden en la psique del usuario y no dentro de la computadora en sí (resulta curioso que sea este el método elegido por los adolescentes, en su mayoría; tal vez la falta de orden en sus hormonas se refleja más fehaciente en su vida virtual que en sus caras granosas).

¿Resulta comparable aquella carpeta mal puesta en el folder “mis imágenes” a ese vinil empolvado que se deslizó hacia atrás del librero? ¿Es correcto usar el término “disco” para una producción musical que consta de cierto número de canciones -o archivos- y se supone que tiene una unidad conceptual pero que, gracias a esta inmaterialidad de la que se ha escrito, carece por completo de forma?

Una cosa queda clara; a mayor capacidad, menos música escuchamos.

Vía: Territorio Sonoro

Anuncios

Autor: jamdm

Licenciado en Relaciones Internacionales, Consultor de ISO 9001, Usuario Mac, viviendo en Monterrey desde hace 11 años, adoptado regio, me gusta la música, las web sociales, y las actividades que hago día a día.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s